- ¡Lucía!- Gritaba una madre cabreada porque su hija no se
ha levantado todavía – Mañana te vas de campamentos y aun no has hecho nada.
Lucía Arcei miró el reloj, las 9, ella pensó que era
demasiado pronto, pero su madre tenia razón, había que hacerlo, tenia que
levantarse y hacer las maletas. Ella era un poco vaga, en los estudios hacia lo
justo para aprobar. Se solía levantar a la 1 de la tarde, por lo que las 9 eran
demasiado pronto para ella. Esta chica no destacaba por encima de las demás
chicas, no es que no fuera guapa, que en verdad si lo era, lo que pasaba era
que no se hacia destacar, le gustaba pasar desapercibida y no llamar la
atención delante de la gente, con sus amigas si que era muy atrevida y movida
pero de cara al público, no. Tenía un pelo castaño con un corte de flequillo a
la altura de los ojos y el resto lo llevaba por la altura del pecho, justo por
encima del mismo, se lo planchaba casi todos los días y por eso no le crecía,
pero ella se refugiaba en una teoría propia para llevar la contraria a su
padre. “A mi si que me crece el pelo pero como yo también crezco a lo alto, el
pelo parece estar siempre a la misma altura.”
Esta teoría que a todos les parecía absurda, a ella le
servia para no coger una estúpida depresión adolescente.
Lo que mas destacaba en toda su cara era dos ojazos marrones
que casi rozaban el flequillo y cuatro pecas marrones justo encima del labio,
colocadas en una fila que parecía estar hecha a propósito.
Era de constitución espiga, es decir, alta y delgada, medía
1.76 metros.
De repente sonó el móvil, con una música característica que
indicaba que su mejor amiga Tania Sancho estaba al otro lado del teléfono,
como toda adolescente, corrió a responder.
- ¿Digamelón?- dijo Lucía sabiendo que era Tania la que
estaba al otro lado.
- Tengo tantísimas cosas que hacer hoy… Encima mi madre me
esta explotando maña, aun no he empezado la maleta y ¡Nos vamos mañana! –
Respondía Tania al otro lado del teléfono con cierto entusiasmo y sin saludar,
como siempre hacía, parecía una manía lo de Tania, nunca saludaba a nadie ni
tampoco se despedía, decía que así todo era más fácil y no se perdía el tiempo
saludándose y despidiéndose y así iba directa al tema.
- Yo tampoco he empezado si quieres quedamos y nos ayudamos
mutuamente a ver que nos llevamos porque no tengo ni idea de que llevarme –
Respondía la otra chica un tanto desesperada.
-Vale primero vente tú a mi casa y luego voy yo.
Y eso hicieron, Lucía desayunó rápidamente un vaso de leche
y una galleta príncipe y se vistió con una ropa muy básica como siempre,
llevaba una camiseta básica de tirantes del primark azul y unos vaqueros cortos
del bershka, zapatos, unas nike normales y corrientes. Para abrigarse un poco
del cierzo que hacia ese día 30 de junio en Zaragoza, se puso una camisa de
blanco a cuadros rojos y azules. Y sin decir nada abrió la puerta y se fue a la
calle. Cogió el autobús número 42 para lograr ir más rápido ya que el tranvía
no pasaba por casa de su amiga y fue hasta Vía Universitas. Como eran tan
amigas y estaban todo el tiempo juntas, había plena confianza entre ellas y
tenían una llave escondida debajo de una maceta para que Lucía entrara a casa
de Tania siempre que quisiera. Una vez dentro de la casa, Tania salió agobiadísima
de su cuarto a darle un abrazo como diciendo “¡Gracias a dios que has llegado!”
y sin decir ninguna palabra fueron las dos hacia su cuarto. La casa era
mediana, no era ni muy grande ni muy pequeña, al fondo del pasillo había un
salón que daba a un parking, estaba decorado al gusto de la madre, es decir
moderno. Justo al lado de este estaba la cocina decorada por su padre, un tanto
más clásica que el salón y esta daba a una terraza de ensueño, decorada
verdaderamente bonita, hasta tenia una cascada con un jardín en un parterre
lleno de plantas de varios colores, en el centro había una mesa con dos sillas
y unas velas, esa era la parte bonita y luego simplemente estaba la otra parte,
donde todos los días había ropa tendida y estaban acumulados dos mil chismes de
la hermana pequeña de Tania. Lo siguiente eran las habitaciones cada una
decorada al estilo del propietario, la de Tania era de color rosa y blanco la
cama a la derecha de la puerta, al lado una cómoda en la que guardaba cosas de
no mucho valor enfrente de esta estaba el armario, lleno de cosas elegantes,
como Tania y al lado de este una mesa de estudio, Tania no necesitaba más
porque pasaba casi todo el tiempo en la calle. Tania era pelirroja teñida, un
color cobre, el pelo, corto, recién cortado en el baño de su casa, antes de que
Lucía entrara por la puerta lo tenia por el culo y de repente se lo había
cortado por los hombros, necesitaba un cambio de estilo decía ella. Ojos
bastante pequeños y marrones pero se los maquillaba tanto que llegaban a
parecer grandes. Llevaba un pearcing en la nariz, y era delgada pero bajita, no
media mas de 1.60 metros, no practicaba ningún deporte al revés que Lucía que
practicaba el atletismo y un montón de actividades extraescolares porque aunque
era una vaga quería ser actriz y como su madre decía una y otra vez, “no
haciendo nada, no serás nada”, las dos chicas eran totalmente distintas,
dos chicas de 16 años que no tenían nada en común, la una era tímida la otra
no, etc., etc.
Una vez terminada la maleta de Tania, en la que se había
llevado 4 pantalones largos, 9 camisetas de tirantes, 3 camisetas de manga
larga, un forro polar, un abrigo de nieve, 6 camisetas de manga corta, un
vestido y unas cuñas muy elegantes para la fiesta del ultimo día, ropa interior
y 4 pares de zapatos (Las botas de montaña, las deportivas rosas Reebok, las
victorias rosa fucsia y unas manoletinas grises muy básicas para su estilo.)
Y eso era básicamente su maleta aparte del bikini, la
toalla, el neceser y por supuesto, el maquillaje, Tania no salía nunca de casa
sin su maquillaje. Entonces volvieron a coger el 42 y se fueron hacia La plaza
San Francisco donde Lucía vivía en un piso con un enorme jardín comunitario sin
piscina, al final del pasillo también estaba el salón, decorado con un sofá de
cuero, un ordenador al fondo y una tele de plasma enfrente del sofá puesta
encima de un mueble de madera.
En toda la parte de la derecha estaban las 4 habitaciones,
una para su madre y su padre, otra par su hermana pequeña con una cama debajo por
si su hermano mayor venia a dormir, al lado la habitación de Lucia decorada con
un estilo de Londres en gris, blanco y rojo, y por último la habitación de su
hermana de 10 años. La cocina era blanca y verde y allí habitaba su perro,
Rally y con ella dormía su gato Gus.
Se metieron inmediatamente en el cuarto de Lucía para hacer
su maleta, se llevó el mismo número de ropa que Tania, pero de distinto estilo
y en vez de unas cuñas, acomplejada por su altura, se llevó unas sandalias
negras a juego con su falda de tubo negra y su camiseta básica blanca. Este
conjunto haría el papel de Gala en el último día del campamento. No se llevó
maquillaje, por lo demás sus neceseres eran muy parecidos: Cepillo, cepillo de
dientes, champú, mascarilla, gomas de pelo, plancha, que aunque no hubiera
electricidad durante el campamento, quien sabe, el último día a lo mejor si que
la conectaban…
Se contaron aventuras ocurridas los últimos 20 días que aun
no les habían dado tiempo a contarse durante el resto de la tarde; Tania estuvo
saliendo con Miguel, el moreno al que veían jugar al fútbol todas las tardes, a
Lucía le dio un vuelco el corazón, a ella también le parecía muy mono y
esperaba que por primera vez se fijaran antes en ella que en su amiga, pero era
su mejor amiga no se iban a pelear por un chico, así que no dijo nada de sus
sentimientos, pero lo habían dejado, le comunico Tania más tarde, el verano era
muy largo y ellos no se verían casi. Un romance de una semana. Lucía no tenia
nada que contar salvo rayadas con otra amiga suya a causa de los celos,
hipocresía, falsedades… ADOLESCENCIA.
Y así se acabo el día, contando anécdotas de la vida.
Tania se fue a su casa a las 10 de la noche después de haber
cenado con la familia Arcei, un huevo frito con salchichas y un trozo de
chorizo frito, la cena era simple pero estaba buenisima.
Al llegar a su casa, a las 11 menos veinticinco, se fue
directamente a dormir porque al dia siguiente se levantaba a las 7:30am. Para
irse de campamentos a las 9:00am.
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