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lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPITULO III: En el campamento…


Llegaron al bungalow, contaban 42 personas en el campamento, por lo que había  7 bungalows, 3 para chicas, 3 para chicos y uno para los monitores, a ellas les había tocado el número 4 estaba pegado a un robusto árbol que tenia unas ramas muy fuertes y al que se podía subir fácilmente. Se metieron a las cabañas obedeciendo las instrucciones de la mujer del megáfono. Mas que bungalows eran unas casuchas, parecían mas pequeñas por dentro, estaba equipadas con 7 camas con 3 mantas cada una, sin sabanas y la almohada era igual que una roca. Al lado de cada cama había una especie de cómoda gris metálica en la que metieron sus cosas. Tania que era tan positiva no le daba importancia a las incomodidades y pensó que así luego estaría mas cómoda en su casa de Zaragoza, pero Lucía estaba muerta de miedo, no se podía imaginar una noche en aquel lugar, cada vez que el viento chocaba contra la cabaña, esta crujía como si fuera a salir volando.
El campamento era pobre, en el hall principal habían siete colores en el suelo, naranja, amarillo, verde, rojo, rosa, azul, y blanco y al lado un tablón pequeño en el que había una lista con los pertenecientes a cada grupo, no eran los mismos grupos que los de las cabañas, pero sin embargo a ellas dos les había tocado juntas en el equipo verde, tuvieron la suerte de estar, con un chico un poquito feo pero majísimo que se llamaba Cristóbal Gant, era descendiente de un multimillonario Irlandés no le gustaba su nombre y les hacia llamarle Tobal.
Les toco también con los dos amigos Barcelonenses, que se llamaban Paul  Isierte y Mikel Sans. Y los otros dos componentes del grupo eran una chica muy muy pija llamada Samara y era del sur, era de Murcia, pero no aguanto mucho, nada mas ver el moho hizo llamar a su padre a través de una PDA (un tanto extraño ya que no había cobertura en aquel lugar) y le vinieron a buscar inmediatamente en un helicóptero, sino no hubiera podido salir de allí porque como bien dijo la mujer del megáfono, era imposible salir de allí hasta que no pasara el mes de campamento.
El otro componente del grupo era Hugo un chico alto, con cierto atractivo para Lucía, castaño de ojos azules con cara de niño para tener 17 años y muy reservado para sus asuntos privados, siempre que Lucía intentaba entablar una conversación con él, le respondía con monosílabos o con algún chiste sin sentido. Tal vez esos aires de misterioso era lo que a Lucía le atraía de él, no estaba locamente enamorada porque apenas le conocía pero si que sentía una atracción inexplicable hacía él.
Cuando todos los grupos estuvieron colocados en sus respectivamente, apareció una mujer con los labios rojos y los cabellos grises, no debía tener más de 52 años pero aparentaba 90. Tenía una verruga en la frente, a la que nadie podía mirar. La mujer que parecía la directora del campamento les dijo:
<<Queridos esclavos, vuestros padres os han apuntado a este campamento con el fin de hacer de vosotros gente, y no escoria. Se os asignará a cada grupo un papel con una serie de trabajos que realizareis todos los días, para mí. Pasarlo bien queridos.>>
¿¿¡¡TRABAJOS!!?? ¿Para esa mujer? Pensó Lucía sin decir nada mientras todos sus compañeros ahogaban un grito de desesperación. Por su cabeza ahora también rondaba el hecho de que su madre no le podía hacer eso, no hacia nada en casa, pero tanto como llevarla al infierno, no era para tanto.
La mujer de los cabellos grises se giro antes de irse y les dijo:
<< Si todo hacéis bien, os premiaré con una travesía por el monte- todos estallaron en gritos de alegría pero la mujer prosiguió- la única condición es que solo parareis para dormir y comer, el demás tiempo iréis por el monte con dos guardaespaldas y os la tendréis que ingeniar con la comida que os repartiremos por grupos.>>
Los monitores empezaron a mandar tareas por grupos y les hizo a cada uno ponerse un uniforme el cual era del color de su grupo, les dieron dos, bastante feos y de tallas grandes, para tener una muda con la que cambiarse.
Al grupo azul le tocó cortar un césped de la parte trasera del campamento, el césped podría tener kilómetros cuadrados de longitud, y al ser verano, harían como 38 grados, a esto sumándole que los uniformes eran de algodón.
Al grupo naranja le tocó sembrar árboles en un recinto cerrado que había, también bastante amplio en el que creían que querían montar un camping.
Al grupo amarillo le tocó cocinar, cocinar para 42 personas, con una cocina que no estaba en condiciones, cortar patatas pelar freír… todo un riesgo que cualquier padre prohíbe a sus hijos hasta casi la mayoría de edad.
El verde (el de Lucía y Tania) les tocó subirse encima de las cabañas a quitarles el moho de los tejados
El rojo recibió el cargo de cortar leña suficiente para cargarse un bosque entero, este era personal para la caldera de la señorita bruja de pelo blanco que había aparecido por allí dirigiéndoseles como “queridos esclavos”.
El rosa se encargaba de limpiar todos los wcs del campamento, solo decir que de uno de ellos salió una rana por dentro de las cañerías, así que imaginaos la de CAL y INFECCIONES que podían tener ahí.
Por último al blanco le tocó la tarea más fácil que fue revisar las listas de alumnos que había dentro del campamento ese año y tirar las antiguas listas, las cuales estaban escritas en ruso o un idioma de estos, y al lado de los alumnos habían una foto de los mismos de cuando entraban y otra de cuando salían, y algunas de las últimas, estaban tachadas en rojo.

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