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lunes, 17 de septiembre de 2012

Capitulo II: La llegada inesperada


Las 9:00 AM, ese autobús allí esperando, madres llorando, hijos emocionados; Lucía divisó a Tania en el Ford Fiesta viejo de su padre, ella no quería ir allí con ese coche “destartalado para ella” pero el padre insistió en llevarla. Salió del coche refunfuñada lo más rápido que pudo y Lucía fue a recibirla con su madre. La madre y el padre de Lucía y Tania respectivamente tuvieron un romance adolescente, por eso ahora no tenían mucho roce ni tampoco se llevaban de lo que se dice demasiado bien así que la situación fue algo tensa para ambos.
La ayudante del chófer fue llamando a los chicos por orden de lista, la cual tenía apuntada, y el autobús partió. El viaje se hizo largo pero Tania y Lucía se dedicaron a escuchar sus canciones favoritas, esas que las identificaban como amigas y las que les recordaban a los romances de una y otra, ambas sabían todo la una de la otra. Por fin el autobús llegó a una pequeña granjita, había como 4 autobuses más de diferentes destinos.
Tania sacó su neceser del bolsito y se dedico a retocarse mientras Lucia la miraba con atisbo y una sonrisilla, y salió de las primeras del autobús.
Entraron a la granja muy entusiasmadas las dos, había chicos y chicas de todas partes de España. Tania como buena mujer que era, empezó a poner notas de los chicos que iban bajando de los distintos autobuses, estaban casi todos “buenísimos”, pero de pronto bajó él, un chico rubio y alto de unos ojazos verdes, Tania se quedó pasmadísima mirándole diciendo 10, 10,10.
El chico bajaba pensando solo en su imagen en si triunfaría o no en ese mes de campamento, a Lucia ya le había caído como una patada en el culo nada mas bajar, pero por la mirada de su amiga, a Tania le había encantado, sin embargo el chico tenia detrás a otro que le decía que no se preocupara por esas cosas, que no venían a ligar, sino a pasárselo bien, pero el rubio le contradecía. El acompañante parecía ser su mejor amigo, un chico alto también, un poco menos y con el pelo totalmente negro, y unos ojos que inspiraban confianza. Tenía unos ojos verdes como el césped en un día de lluvia y grandes, era moreno, por eso Lucia dedujo que venia de una ciudad costera, y en efecto, el autobús del que bajaban provenía de Barcelona.
Lucía al entrar por la puerta se le cambió la cara, los estupendos bungalows que salían en los folletos estaban completamente viejos, llenos de moho por  las paredes y no parecía nada acogedora. Por un lado estaba la zona de los chicos, por otro la de las chicas, pero todos se reunían enfrente de un tablado de madera que había nada más entrar. Apareció de la nada una monitora con cara de bruja y un micrófono que intentando poner cara amable que decía:
-"Queridos Residentes del Campamento Silsanzu, tenéis asignado un bungalow para cada 7 personas, hemos intentado que los de la misma ciudad caigan juntos para que no resulte demasiado incómodo, de todas formas, solo estaréis allí para dormir, las listas están puestas en los tablones que se encuentran junto a la verja de entrada, las normas principales son hacer caso a los monitores, y que a las 11 de la noche todo el mundo se encuentre en sus bungalows respectivos y sin formar escándalo. Muchas Gracias, tenéis dos horas para deshacer las maletas y nos encontraremos todos en el patio principal. No intentéis salir de aquí pues las puertas están electrificadas y cerradas hasta el día de salida. Feliz Estancia."
-Tíaaaaaaaaaaaaaa!! Vamos a ver las listas, como no caiga contigo me mueroooooooo!!! - Replicó Tania cogiendo a Lucía del brazo y corriendo hacia los tablones con ella a rastras.
Lucía estaba blanca en su mente solo retumbaban las palabras "Puertas electrificadas..." eso no le inspiraba ninguna confianza en el lugar y menos los bungalows que estaba viendo... ahora solo quería que el mes, pasara lo antes posible…
-"Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!! Vamos juntas!!”
Lucía hizo el amago de sonreír ante la alegría de que al menos no se encontraría tan sola.
Tania se dio cuenta de que su amiga tenía la mirada perdida, pero no le pregunto nada acerca de sus pensamientos, y siguió entusiasmada como si nada. En la mente de Lucía también rondaba otro pensamiento, le ocurría algo, no le pasaba muy a menudo, pero de vez en cuando intuía cosas, para bien o para mal, pero las intuía, esta vez nada bueno se le pasaba por la cabeza, pero viendo a su amiga tan contenta la siguió con la misma sonrisa forzada hacia las cabañas.

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