De repente sonó una música de los años 80. Era para
despertar a todos los chicos que estaban dormidos en sus cabañas. Eran las
6:30am. No había apenas sol y todo el mundo se había acostado tarde. Tania se
levanto de un salto, muy activa dispuesta a despertar a su mejor amiga que
dormía justo a su lado, fue corriendo a tirarse encima de ella, pero Lucía no
estaba allí, de pronto Tania empezó a correr a buscarla y a avisar a Tobal, que
parecía responder muy bien a todo lo que ocurría y a Tania le inspiraba mucha
confianza. Fue a la cabaña de Tobal y justo antes de entrar gritando, se paró
en seco y recordó que su amiga se fue al río la noche pasada a relajarse, por
lo que decidió ir a buscarla. Yendo hacía el río un hombre alto le paro y le
dijo:
- Bella dama, ¿a donde se cree usted que va? – El hombre le
trataba con sumo respeto y casi sin que Tania se girara, dedujo que este
tendría unos cuantos años, como para tratar a una chica de esa manera, de
usted. – Tiene ahora su clase de gimnasia matinal, ¿Por qué corre hacia el río
no ves que allí están a estas horas los murciélagos escudriñados, que muerden y
te hacen agonizar hasta que mueres?
Era un hombre alto, con bigotes grisáceos de unos sesenta y
pico años, ojos marrones verdosos y unos pies muy muy grandes, sus voz era
calida, a Tania le recordaba a su abuelo, ya que tenia una vocecilla que le
decía, << Tania deja que te cuente historias>> De pronto Tania se
acordó de los murciélagos esos, ¿Cómo QUE MURCIELAGOS? Su amiga Lucía debía de
seguir sola en el río, ¿¡Como se protegería!?, pero ella no podía hacer nada,
sin nada que decir, el anciano toco un silbato y 3 guardias vinieron a buscar a
la chica, se la llevaron a un cuarto, la sentaron en una silla enfrente de una
mesa en la que había alguien.
A las 7:15 empezaban los ejercicios matinales, todo el mundo
estaba en el campo de fútbol del campamento que constaba de dos palos que
hacian de porteria en un lado y dos conos que hacían de portería en el otro, el
campo no tenía limites ni nada y el suelo era césped mezclado con ortigas, no
estaban divididos por grupos, simplemente estaban puestos en un circulo
calentando, pero rápidamente Tobal se dio cuenta de la ausencia de Tania, por
lo tanto busco a Lucía, al ver que tambien faltaba empezó a preocuparse.
Tobal decidió dejar de preocuparse. Llego un hombre, era el
mismo hombre que cogió a Tania por sorpresa llegando al río, pero no tenía un
color de ojos marron verdoso, ahora lo tenía completamente verde, pero no un
verde disimulado, tenia un verde intenso, pistacho. Se presentó:
- Buenos días, me llamo Rodolfo, tengo 65 años y me gusta la
montaña, ya que nos hemos presentado, os preguntareis porque os hacemos hacer
ejercicios por la mañana. Pues bien, la señora Field, quiere un campamento de
gente que sirva para algo, y si vosotros no estáis lo suficientemente
capacitados para hacer las cosas que ella os exija, no le valéis para nada, por
lo tanto os tenéis que poner fuertes para poder hacer mejor vuestras tareas y
complacer a nuestra señora.
Todos estaban totalmente callados, y por detrás una voz, que
a todos les resultaba conocida y les resultaba estremecedora dijo:
- Gracias Sr. Rodolfo, puede descansar, ahora pasemos lista:
Marina Aguilar, Sandra Aguirre, Sara Antelle, Carlos
Arcadio, Lucía Arcei – Mientras todos los anteriores a esta chica habían
respondido con una vocecilla, presente, ella, no respondía - ¿Lucía Arcei?
¿Dónde esta, esta chica? ¿Lucía Arcei? ¿Lucía?
- Tal vez se este duchando – respondió Tobal con una voz
tímida.
- Bueno pues si es así, continuaremos, pero que sepáis que
le caerá…- Y se detuvo rápidamente – Carlos Arruga…
¿Que le caerá? Se preguntaba Tobal en silencio.
-… Hugo González. – Y nadie respondió. A Tobal le dio mucha
pena que nadie se había dado cuenta de su ausencia. – Bueno este es una buena
excepción, podéis dejarle sin hacer los ejercicios por ahora. – A Tobal, como a
todos les dio mala impresión esa frase, ¿Desde cuando la señora de los cabellos
grises era amable con alguien? Seguro que estaban compinchados, por eso salía a
fuera de la cabaña por las noches, esa era la razón, se llevaba algo entre
manos con la directora del campamento. La mujer prosiguió con la lista, cuando
llegó al nombre de Tania Sancho…- De esta ya nos hemos ocupado, ha sido una
chica muy rebelde. – Y Tobal volvió a pensar, ¿Así que no estaban juntas?
Pobrecillas.
Una vez hubo terminado de pasar lista, se fue sin decir nada
y el profesor de gimnasia, Rodolfo, prosiguió.
- Ya que os habéis quedado fríos, os propongo una cosa,
poneros a correr hasta que yo diga parar, recordad esto, estáis sentenciaditos
a muerte.
Ahora Tobal se había montado una historia propia en su
cabeza:
La mujer esa era la madre de Hugo, habían raptado a su
princesa, Tania, ¿debía protegerla donde la tendrían? Seguro que por las noches
iba a fuera a planear con su madre un plan malvado, para raptar uno a uno a los
residentes del campamento y matarlos. Pero dios mío eso no tiene sentido, dacia
su sentido común.
Las 10:20 mientras todos los chicos hacían deporte, dos
chicos dormían placidamente a las orillas del río. Uno de ellos se despertó
empapado de sudor y llorando, era Hugo, había soñado que su madre moría o algo
parecido y una chica que no conocía apenas de nada le había intentado
consolar. Entonces Hugo vio a su lado la cara mas dulce que había
conocido, era la de Lucía, pero el solamente dijo << Es ella. Ella me
consolaba. ¿Será verdad? ¿Ha muerto? ¡Oh no! Ha muerto. >> Hugo echó a
correr desesperadamente y se metió por una especie de bosque que había dentro
del campamento. Con el ruido de las zancadas de Hugo, Lucía se había despertado
y se había puesto a seguirle, pero aun yendo a atletismo, el corría mas que
ella y lo había perdido de vista nada mas entrar al bosquecillo, se sentía
perdida y desorientada, ella le había seguido a el, pero no sabía volver al
campamento.
A Hugo se le abalanzaron un grupo de bichos a la cabeza
empezaron a morderle, pero su rabia era mucho mas grande, y pudo escapar de
allí, Lucía no tuvo tanta suerte, y fue mordida en la mano y en la pierna
derecha, no tenían buena pinta, se sentó en una roca y vio como el borde de los
mordisco se ponían negros poco a poco y Lucía empezó a gritar de dolor.
Hugo estaba a unos 30 metros de distancia de Lucía, pero no
se veían, estaba llorando, recordando a su madre, a su padre, Hugo, había
perdido a su madre, si, pero se sentía agobiado porque no le había contado toda
la verdad a Lucía, de repente escucho los gritos, sonaban con una agonía
inmensa, le dolían los tímpanos de semejante grito. No sabía quien era, pero se
lo imaginaba. Corrió hacia la dirección en la que se oían los gritos. No la
encontraba por ninguna parte, las lágrimas le rodaban por las mejillas, ¿Por
qué la habría dejado sola?
Tania estaba cantando una canción junto con una señora,
era una nana de bebe, Tania llevaba 4 horas o por ahí encerrada en los baños, a
oscuras y le estaban haciendo limpiarlos, sin manos, solo podía usar los pies y
la cabeza, estaba medio llorando, había perdido la noción del tiempo, ¿Porqué
le hacían esto? ¿Porqué a ella? Además la mujer no paraba de repetir la misma
frase todo el tiempo << Limpias para que no haya suciedad y no vuelvas a
intentar escaparte, recuerda esto. En este baño ya no hay gérmenes, ni
excrementos de ratón, porque tu has limpiado, Bieeeen>> parecía que la
mujer intentaba hacerse la graciosa para que no hubiera tensión, pero a Tania
no le hacía ni pizca de gracia. Entró la directora, la cogió del pelo y le hizo
mirar hacia arriba, le miro directamente a los ojos, tenía unos ojos, que daban
pavor.
- ¿Sabes porque estas aquí no?
- Sí – Dijo indecisa
- No podemos dejar que nadie haga eso, se lo podrían decir a
alguien y os vendrían a recoger, y no queremos eso, porque sino ¿Quién va a
limpiar mi precioso campamento?
- No lo haré nunca mas – dijo Tania con dos lagrimones que
le caían por las mejillas del dolor que la mujer estaba provocando en ella.
- Bien, reúnete con tus compañeros y haz como si nada hubiera
pasado, olvida todo esto, si no cometes ningún error, estarás bien, sino… - E
hizo un gesto con la mano como si se cortara el cuello. Le cortó las cuerdas
que le ataban las manos y llamó a unos guardias para que la llevaran a su
cabaña.
La chica andaba, cansada ya de revolverse, ella no había
intentado escaparse, solo intentaba buscar a su amiga, su mejor amiga, por
cierto ¿Cómo estaría ella ahora?
Tobal estaba ya cansado de correr, no habían parado, eran
las 11, estaba sediento, de pronto cayó de bruces al suelo, el profesor corrió
hacia él le mojó la cara con agua le dio un sorbo para beber y le dijo,
<< Sigue corriendo>> Tobal juraría que el hombre no se lo había
dicho hablando, se lo había dicho de otra manera, pero fue el “Sigue corriendo”
más frío y que mas miedo le dio de toda su vida, un poco mejor ya, se puso a
correr. A las 11:30 el hombre grito, sonó como un pitido de militar, todos se
pararon inmediatamente.
- Lo habéis hecho bastante bien para ser el primer día que
corréis – A Tobal le sorprendió una cosa en la cara de aquel hombre, tenía los
ojos marrones, rozando el negro - Ir a vuestras cabañas, coger una muda
limpia e id a las duchas, a las duchas se entra por grupos, primero el rojo,
luego el verde, tercero el rosa, cuarto el blanco, quinto el azul, sexto el
naranja y séptimo y último amarillo. Gracias y hasta mañana, estirar mientras
los otros grupos se bañan, os irá bien.
Tobal estaba cansado se fue a la cabaña y se sorprendió al
ver que había una jarra con agua y 7 vasos, uno para cada chico de la
habitación, cogió un vaso y empezó a beber, la sed no se le saciaba, no estaba
acostumbrado a estas cosas, siempre se caía al suelo redondo cuando hacía las
pruebas de educación física y era correr media hora sin parar. Cuando fueron
hacia las duchas por grupos, Tania iba medio llorando, era una chica muy
bocazas y al mínimo secreto que tenía se lo contaba a alguien, siempre que le
inspirara confianza, pero si lo contaba a lo mejor la pillaban y quien sabe, le
daba miedo pensar lo que podría pasar, por eso, el retenerlo dentro le sentaba
tan mal. Tobal fue corriendo hacia ella.
- ¡Tania! ¿Dónde has estado? Me tenías preocupado, un
momento, ¿Estas llorando? ¿Qué te han hecho?
- Nada, nada, no es nada, solo que echo de menos mi casa, mi
familia, todas esas cosas, pero ya se me va a pasar, ya lo verás, tranquilo.
¿Se sabe algo de Lu?
- No, no ha venido a la clase de gimnasia matinal, ni Hugo
tampoco, ese chico es extraño, creo que esta aliado con la directora o algo
porque la directora le ha defendido cuando ha faltado a la clase de gimnasia.
Lucía se estaba retorciendo de dolor en el suelo. Cuando
llegó él. Las unicas palabras que salieron por la boca de Lucía fueron “Ayúdame
por favor” y se quedo inconsciente.
- ¡No, no, no! No te puedes morir – Decía el chico
desesperado – Abre los ojos Lucía, ¡Ábrelos por favor! – Su voz se volvía cada
vez más un susurro, tenía miedo, miedo de perder a otra persona. Miedo de que
se muriera por su culpa. El chico recordó que el anterior año, para irse de excursión
con el mismo campamento, les enseñaron como librarse de la picadura de un
murciélago escudriñado y de una serpiente venenosa, tenia que coger agua, un
bol y un trapo. Como trapo, rompió su camiseta y le hizo un torniquete en la
pierna y otro en la mano para que no se extendiera el veneno, decidió que el
bol no le hacia falta porque era para tirar el agua con veneno y que no se
murieran las plantas de alrededor, pero en ese momento le daba igual. Corrió al
río con Lucía encima, ¿Quién lo diría? Lucía en medio de un bosque con un chico
guapo, que le estaba intentando salvar la vida.
Llegaron al río, el joven la metió en el agua, y con todas
sus fuerzas y una caña le cortó un poco de piel para que saliera el liquido de
la herida, salió un liquidillo verde, asqueroso, el chico para quitárselo,
empezó a absorberlo y a tirarlo enjuagándose con agua, cuando empezó a salir
sangre normal de la pierna, pasó a hacer lo mismo con la mano. Y cuando salio
sangre de esta, el corte era tan pequeño, que el de la pierna se había cerrado,
presionó un rato en la mano para cortar la sangre y esta dejo de sangrar. Lucía
se despertó debilitada. El chico le abrazo muy muy fuerte, ha estado cerca,
dijo solamente.
Cuando Tania terminó de ducharse, fue a la cabaña, dejo la
muda sucia y se dispuso a volver al río, pero justo antes de salir por la
puerta la mujer de los cabellos grises entro por la puerta y le dijo:
- Tu amiga no aparece, ¿Dónde esta? Si a la hora de comer no
ha regresado, la olvidaremos y tu también lo harás. Su expediente… será
quemado, informaremos a su familia de que ha muerto, nadie puede sobrevivir en
un bosque sin comida ni agua. – La mujer aparentaba estar totalmente fría,
ningún músculo de su cara parecía inmutarse.
Tania asintió con la cabeza y se sentó en la cama, tenía
ganas de echarse a llorar, pero no podía porque sabía que su amiga estaba bien,
tenía un vínculo tan fuerte con ella que sabía si estaba mal o bien en todo
momento, cosas que todas las mejores amigas deben de entender.
La mujer salió de la cabaña. Tania corrió hacia el río tan
rápido como pudo, esta vez si que llego, vio a su amiga tendida en el césped y
a Hugo curándola con mucho cariño. Tania arqueó una ceja y empezó a gritar como
una loca.
- ¿Cómo se te ocurre? ¿Qué narices? ¿Me han hecho limpiar un
baño con los dientes, mientras tu estabas con un chico guapo? ¿Pero como se
puede ser tan...? ¡LISTA! Enhorabuena cariño, puedes escaparte con este chico,
la directora me ha dicho que si a la hora de comer no has vuelto, se olvidaran
de ti.
- Pero no se puede escapar sola, moriría sin comida ni agua.
- Tu te irás con ella, no se que decía la mujer de ti, pero
te estaba defendiendo en todo momento.
- No me pienso ir sin ti – Decía una vocecilla débil apoyada
en el pecho de Hugo
- Claro que lo harás, escúchame tienes la oportunidad de
salir de esta jungla, de este infierno, no voy a dejar que te quedes, yo os
encontraré otro día, como voy a dejarte sola tonta. Pero no puedo dejar aquí a
Tobal, ni a Paúl, ni a Rosa. Quedaros escondidos, intentare coger algo de
comida para vosotros, luego os la traigo.
De fondo sonaba la voz de la mujer con acento extraño
<<¡¡A COMERGHH!!>>.
- Adiós Tania – Decía Hugo con una media sonrisa en la cara
- ¿Puedes dejarme un momento con ella? – Respondía Tania un
poco triste.
- Claro – Decía el chico levantándose – Pero cuidado, esta
débil.
…
Cuando el chico se hubo ido ya Tania empezó a hablarle a su
amiga.
- Lu, no te preocupes por mí. ¿Te acuerdas cuando te fuiste
de vacaciones a Cádiz y yo me quedé en Zaragoza? Aguantamos tres días,
largos, pero tres días sin vernos, pues esto es más o menos lo mismo, debes
concentrarte en escapar y en aguantar, intentaré recuperar tu ropa y la del
chico este… ¿Cómo se llama?
- Hugo, pero no quiero irme sin ti, es un adiós muy largo.
- No, es un hasta luego.
Tania le dio un beso de despedida a su amiga. Y hablo un
poco con Hugo.
- Trátala bien, o te mataré – decía Tania con una
sonrisilla.
- Descuida, lo haré.
Tania se dio media vuelta y corrió hacia el comedor. Pasaron
2 horas o así hasta que la chica volvió, Hugo estaba muy hambriento y Lucía
yacía en el suelo muy débil.
Tania volvió con la ropa de gala de Lucía una ropa interior
para cambiarla y la ropa mas bonita que había encontrado en su maleta, a Hugo
le trajo lo primero que vio, dos pantalones unos calzoncillos y dos camisetas.
- ¿Qué has traído de comer? – dijo Hugo impaciente, había
que tener en cuenta que no había desayunado.
Tania sacó de una mochila unas galletas, una natilla, dos
platos de plástico, una botella de agua, unas salchichas Frankfurt, leche
condensada en bote y en unas fiambreras restos de comida del primer día.
- ¿De donde has sacado todo esto? – Decía Hugo maravillado
- Me metí en la despensa y lo he cogido todo de ahí, ahora
largaros que vamos a hacer por la tarde un reconocimiento por el río, me he
enterado que si subes un poco mas el bosque, hay un tramo que esta sin vallar
por que hay un árbol, si trepas el árbol un poco, se pasa sin problemas al otro
lado. Por cierto, también he cogido unas tiritas, betadine, alcohol y un poco
de algodón. Así podrás curarla mejor.
- Gracias de veras, nos quedaremos fuera de la verja dos
días, para esperaros, si vemos que no salís, nos iremos hacia el norte, para
Francia.
- Me tengo que ir, dale un beso a Lu de mi parte, y no dejes
que vuelva salvo ningún concepto. ¡Adiós! – Y Tania regresó corriendo hacia el
campamento.
Hugo le curó bien las heridas a Lucía, con mucha delicadeza
para que ella no despertara y se diera la vuelta para ir al campamento. Cuando
hubo terminado, se comió un trozo de pescado que había en la fiambrera y un
trago de leche condensada, para recuperar fuerzas. Se cargó la mochila en el
pecho y a la chica se la llevó a corderetas a través del bosque.
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