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lunes, 17 de septiembre de 2012

CAPITULO V: No es un adiós, es un hasta luego


De repente sonó una música de los años 80. Era para despertar a todos los chicos que estaban dormidos en sus cabañas. Eran las 6:30am. No había apenas sol y todo el mundo se había acostado tarde. Tania se levanto de un salto, muy activa dispuesta a despertar a su mejor amiga que dormía justo a su lado, fue corriendo a tirarse encima de ella, pero Lucía no estaba allí, de pronto Tania empezó a correr a buscarla y a avisar a Tobal, que parecía responder muy bien a todo lo que ocurría y a Tania le inspiraba mucha confianza. Fue a la cabaña de Tobal y justo antes de entrar gritando, se paró en seco y recordó que su amiga se fue al río la noche pasada a relajarse, por lo que decidió ir a buscarla. Yendo hacía el río un hombre alto le paro y le dijo:
- Bella dama, ¿a donde se cree usted que va? – El hombre le trataba con sumo respeto y casi sin que Tania se girara, dedujo que este tendría unos cuantos años, como para tratar a una chica de esa manera, de usted. – Tiene ahora su clase de gimnasia matinal, ¿Por qué corre hacia el río no ves que allí están a estas horas los murciélagos escudriñados, que muerden y te hacen agonizar hasta que mueres?
Era un hombre alto, con bigotes grisáceos de unos sesenta y pico años, ojos marrones verdosos y unos pies muy muy grandes, sus voz era calida, a Tania le recordaba a su abuelo, ya que tenia una vocecilla que le decía, << Tania deja que te cuente historias>> De pronto Tania se acordó de los murciélagos esos, ¿Cómo QUE MURCIELAGOS? Su amiga Lucía debía de seguir sola en el río, ¿¡Como se protegería!?, pero ella no podía hacer nada, sin nada que decir, el anciano toco un silbato y 3 guardias vinieron a buscar a la chica, se la llevaron a un cuarto, la sentaron en una silla enfrente de una mesa en la que había alguien.
A las 7:15 empezaban los ejercicios matinales, todo el mundo estaba en el campo de fútbol del campamento que constaba de dos palos que hacian de porteria en un lado y dos conos que hacían de portería en el otro, el campo no tenía limites ni nada y el suelo era césped mezclado con ortigas, no estaban divididos por grupos, simplemente estaban puestos en un circulo calentando, pero rápidamente Tobal se dio cuenta de la ausencia de Tania, por lo tanto busco a Lucía, al ver que tambien faltaba empezó a preocuparse.
Tobal decidió dejar de preocuparse. Llego un hombre, era el mismo hombre que cogió a Tania por sorpresa llegando al río, pero no tenía un color de ojos marron verdoso, ahora lo tenía completamente verde, pero no un verde disimulado, tenia un verde intenso, pistacho. Se presentó:
- Buenos días, me llamo Rodolfo, tengo 65 años y me gusta la montaña, ya que nos hemos presentado, os preguntareis porque os hacemos hacer ejercicios por la mañana. Pues bien, la señora Field, quiere un campamento de gente que sirva para algo, y si vosotros no estáis lo suficientemente capacitados para hacer las cosas que ella os exija, no le valéis para nada, por lo tanto os tenéis que poner fuertes para poder hacer mejor vuestras tareas y complacer a nuestra señora.
Todos estaban totalmente callados, y por detrás una voz, que a todos les resultaba conocida y les resultaba estremecedora dijo:
- Gracias Sr. Rodolfo, puede descansar, ahora pasemos lista:
Marina Aguilar, Sandra Aguirre, Sara Antelle, Carlos Arcadio, Lucía Arcei – Mientras todos los anteriores a esta chica habían respondido con una vocecilla, presente, ella, no respondía - ¿Lucía Arcei? ¿Dónde esta, esta chica? ¿Lucía Arcei? ¿Lucía?
- Tal vez se este duchando – respondió Tobal con una voz tímida.
- Bueno pues si es así, continuaremos, pero que sepáis que le caerá…- Y se detuvo rápidamente – Carlos Arruga…
¿Que le caerá? Se preguntaba Tobal en silencio.
-… Hugo González. – Y nadie respondió. A Tobal le dio mucha pena que nadie se había dado cuenta de su ausencia. – Bueno este es una buena excepción, podéis dejarle sin hacer los ejercicios por ahora. – A Tobal, como a todos les dio mala impresión esa frase, ¿Desde cuando la señora de los cabellos grises era amable con alguien? Seguro que estaban compinchados, por eso salía a fuera de la cabaña por las noches, esa era la razón, se llevaba algo entre manos con la directora del campamento. La mujer prosiguió con la lista, cuando llegó al nombre de Tania Sancho…- De esta ya nos hemos ocupado, ha sido una chica muy rebelde. – Y Tobal volvió a pensar, ¿Así que no estaban juntas? Pobrecillas.
Una vez hubo terminado de pasar lista, se fue sin decir nada y el profesor de gimnasia, Rodolfo, prosiguió.
- Ya que os habéis quedado fríos, os propongo una cosa, poneros a correr hasta que yo diga parar, recordad esto, estáis sentenciaditos a muerte.
Ahora Tobal se había montado una historia propia en su cabeza:
La mujer esa era la madre de Hugo, habían raptado a su princesa, Tania, ¿debía protegerla donde la tendrían? Seguro que por las noches iba a fuera a planear con su madre un plan malvado, para raptar uno a uno a los residentes del campamento y matarlos. Pero dios mío eso no tiene sentido, dacia su sentido común.

Las 10:20 mientras todos los chicos hacían deporte, dos chicos dormían placidamente a las orillas del río. Uno de ellos se despertó empapado de sudor y llorando, era Hugo, había soñado que su madre moría o algo parecido y una chica que no conocía apenas de nada le había intentado consolar.  Entonces Hugo vio a su lado la cara mas dulce que había conocido, era la de Lucía, pero el solamente dijo << Es ella. Ella me consolaba. ¿Será verdad? ¿Ha muerto? ¡Oh no! Ha muerto. >> Hugo echó a correr desesperadamente y se metió por una especie de bosque que había dentro del campamento. Con el ruido de las zancadas de Hugo, Lucía se había despertado y se había puesto a seguirle, pero aun yendo a atletismo, el corría mas que ella y lo había perdido de vista nada mas entrar al bosquecillo, se sentía perdida y desorientada, ella le había seguido a el, pero no sabía volver al campamento.
A Hugo se le abalanzaron un grupo de bichos a la cabeza empezaron a morderle, pero su rabia era mucho mas grande, y pudo escapar de allí, Lucía no tuvo tanta suerte, y fue mordida en la mano y en la pierna derecha, no tenían buena pinta, se sentó en una roca y vio como el borde de los mordisco se ponían negros poco a poco y Lucía empezó a gritar de dolor.
Hugo estaba a unos 30 metros de distancia de Lucía, pero no se veían, estaba llorando, recordando a su madre, a su padre, Hugo, había perdido a su madre, si, pero se sentía agobiado porque no le había contado toda la verdad a Lucía, de repente escucho los gritos, sonaban con una agonía inmensa, le dolían los tímpanos de semejante grito. No sabía quien era, pero se lo imaginaba. Corrió hacia la dirección en la que se oían los gritos. No la encontraba por ninguna parte, las lágrimas le rodaban por las mejillas, ¿Por qué la habría dejado sola?

Tania estaba cantando una canción junto con una señora, era una nana de bebe, Tania llevaba 4 horas o por ahí encerrada en los baños, a oscuras y le estaban haciendo limpiarlos, sin manos, solo podía usar los pies y la cabeza, estaba medio llorando, había perdido la noción del tiempo, ¿Porqué le hacían esto? ¿Porqué a ella? Además la mujer no paraba de repetir la misma frase todo el tiempo << Limpias para que no haya suciedad y no vuelvas a intentar escaparte, recuerda esto. En este baño ya no hay gérmenes, ni excrementos de ratón, porque tu has limpiado, Bieeeen>> parecía que la mujer intentaba hacerse la graciosa para que no hubiera tensión, pero a Tania no le hacía ni pizca de gracia. Entró la directora, la cogió del pelo y le hizo mirar hacia arriba, le miro directamente a los ojos, tenía unos ojos, que daban pavor.
- ¿Sabes porque estas aquí no?
- Sí – Dijo indecisa
- No podemos dejar que nadie haga eso, se lo podrían decir a alguien y os vendrían a recoger, y no queremos eso, porque sino ¿Quién va a limpiar  mi precioso campamento?
- No lo haré nunca mas – dijo Tania con dos lagrimones que le caían por las mejillas del dolor que la mujer estaba provocando en ella.
- Bien, reúnete con tus compañeros y haz como si nada hubiera pasado, olvida todo esto, si no cometes ningún error, estarás bien, sino… - E hizo un gesto con la mano como si se cortara el cuello. Le cortó las cuerdas que le ataban las manos y llamó a unos guardias para que la llevaran a su cabaña.
La chica andaba, cansada ya de revolverse, ella no había intentado escaparse, solo intentaba buscar a su amiga, su mejor amiga, por cierto ¿Cómo estaría ella ahora?

Tobal estaba ya cansado de correr, no habían parado, eran las 11, estaba sediento, de pronto cayó de bruces al suelo, el profesor corrió hacia él le mojó la cara con agua le dio un sorbo para beber y le dijo, << Sigue corriendo>> Tobal juraría que el hombre no se lo había dicho hablando, se lo había dicho de otra manera, pero fue el “Sigue corriendo” más frío y que mas miedo le dio de toda su vida, un poco mejor ya, se puso a correr. A las 11:30 el hombre grito, sonó como un pitido de militar, todos se pararon inmediatamente.
- Lo habéis hecho bastante bien para ser el primer día que corréis – A Tobal le sorprendió una cosa en la cara de aquel hombre, tenía los ojos marrones, rozando el negro -  Ir a vuestras cabañas, coger una muda limpia e id a las duchas, a las duchas se entra por grupos, primero el rojo, luego el verde, tercero el rosa, cuarto el blanco, quinto el azul, sexto el naranja y séptimo y último amarillo. Gracias y hasta mañana, estirar mientras los otros grupos se bañan, os irá bien.
Tobal estaba cansado se fue a la cabaña y se sorprendió al ver que había una jarra con agua y 7 vasos, uno para cada chico de la habitación, cogió un vaso y empezó a beber, la sed no se le saciaba, no estaba acostumbrado a estas cosas, siempre se caía al suelo redondo cuando hacía las pruebas de educación física y era correr media hora sin parar. Cuando fueron hacia las duchas por grupos, Tania iba medio llorando, era una chica muy bocazas y al mínimo secreto que tenía se lo contaba a alguien, siempre que le inspirara confianza, pero si lo contaba a lo mejor la pillaban y quien sabe, le daba miedo pensar lo que podría pasar, por eso, el retenerlo dentro le sentaba tan mal. Tobal fue corriendo hacia ella.
- ¡Tania! ¿Dónde has estado? Me tenías preocupado, un momento, ¿Estas llorando? ¿Qué te han hecho?
- Nada, nada, no es nada, solo que echo de menos mi casa, mi familia, todas esas cosas, pero ya se me va a pasar, ya lo verás, tranquilo. ¿Se sabe algo de Lu?
- No, no ha venido a la clase de gimnasia matinal, ni Hugo tampoco, ese chico es extraño, creo que esta aliado con la directora o algo porque la directora le ha defendido cuando ha faltado a la clase de gimnasia.

Lucía se estaba retorciendo de dolor en el suelo. Cuando llegó él. Las unicas palabras que salieron por la boca de Lucía fueron “Ayúdame por favor” y se quedo inconsciente.
- ¡No, no, no! No te puedes morir – Decía el chico desesperado – Abre los ojos Lucía, ¡Ábrelos por favor! – Su voz se volvía cada vez más un susurro, tenía miedo, miedo de perder a otra persona. Miedo de que se muriera por su culpa. El chico recordó que el anterior año, para irse de excursión con el mismo campamento, les enseñaron como librarse de la picadura de un murciélago escudriñado y de una serpiente venenosa, tenia que coger agua, un bol y un trapo. Como trapo, rompió su camiseta y le hizo un torniquete en la pierna y otro en la mano para que no se extendiera el veneno, decidió que el bol no le hacia falta porque era para tirar el agua con veneno y que no se murieran las plantas de alrededor, pero en ese momento le daba igual. Corrió al río con Lucía encima, ¿Quién lo diría? Lucía en medio de un bosque con un chico guapo, que le estaba intentando salvar la vida.
Llegaron al río, el joven la metió en el agua, y con todas sus fuerzas y una caña le cortó un poco de piel para que saliera el liquido de la herida, salió un liquidillo verde, asqueroso, el chico para quitárselo, empezó a absorberlo y a tirarlo enjuagándose con agua, cuando empezó a salir sangre normal de la pierna, pasó a hacer lo mismo con la mano. Y cuando salio sangre de esta, el corte era tan pequeño, que el de la pierna se había cerrado, presionó un rato en la mano para cortar la sangre y esta dejo de sangrar. Lucía se despertó debilitada. El chico le abrazo muy muy fuerte, ha estado cerca, dijo solamente.

Cuando Tania terminó de ducharse, fue a la cabaña, dejo la muda sucia y se dispuso a volver al río, pero justo antes de salir por la puerta la mujer de los cabellos grises entro por la puerta y le dijo:
- Tu amiga no aparece, ¿Dónde esta? Si a la hora de comer no ha regresado, la olvidaremos y tu también lo harás. Su expediente… será quemado, informaremos a su familia de que ha muerto, nadie puede sobrevivir en un bosque sin comida ni agua. – La mujer aparentaba estar totalmente fría, ningún músculo de su cara parecía inmutarse.
Tania asintió con la cabeza y se sentó en la cama, tenía ganas de echarse a llorar, pero no podía porque sabía que su amiga estaba bien, tenía un vínculo tan fuerte con ella que sabía si estaba mal o bien en todo momento, cosas que todas las mejores amigas deben de entender.
La mujer salió de la cabaña. Tania corrió hacia el río tan rápido como pudo, esta vez si que llego, vio a su amiga tendida en el césped y a Hugo curándola con mucho cariño. Tania arqueó una ceja y empezó a gritar como una loca.
- ¿Cómo se te ocurre? ¿Qué narices? ¿Me han hecho limpiar un baño con los dientes, mientras tu estabas con un chico guapo? ¿Pero como se puede ser tan...? ¡LISTA! Enhorabuena cariño, puedes escaparte con este chico, la directora me ha dicho que si a la hora de comer no has vuelto, se olvidaran de ti.
- Pero no se puede escapar sola, moriría sin comida ni agua.
- Tu te irás con ella, no se que decía la mujer de ti, pero te estaba defendiendo en todo momento.
- No me pienso ir sin ti – Decía una vocecilla débil apoyada en el pecho de Hugo
- Claro que lo harás, escúchame tienes la oportunidad de salir de esta jungla, de este infierno, no voy a dejar que te quedes, yo os encontraré otro día, como voy a dejarte sola tonta. Pero no puedo dejar aquí a Tobal, ni a Paúl, ni a Rosa. Quedaros escondidos, intentare coger algo de comida para vosotros, luego os la traigo.
De fondo sonaba la voz de la mujer con acento extraño <<¡¡A COMERGHH!!>>.
- Adiós Tania – Decía Hugo con una media sonrisa en la cara
- ¿Puedes dejarme un momento con ella? – Respondía Tania un poco triste.
- Claro – Decía el chico levantándose – Pero cuidado, esta débil.
Cuando el chico se hubo ido ya Tania empezó a hablarle a su amiga.
- Lu, no te preocupes por mí. ¿Te acuerdas cuando te fuiste de vacaciones a  Cádiz y yo me quedé en Zaragoza? Aguantamos tres días, largos, pero tres días sin vernos, pues esto es más o menos lo mismo, debes concentrarte en escapar y en aguantar, intentaré recuperar tu ropa y la del chico este… ¿Cómo se llama?
- Hugo, pero no quiero irme sin ti, es un adiós muy largo.
- No, es un hasta luego.
Tania le dio un beso de despedida a su amiga. Y hablo un poco con Hugo.
- Trátala bien, o te mataré – decía Tania con una sonrisilla.
- Descuida, lo haré.
Tania se dio media vuelta y corrió hacia el comedor. Pasaron 2 horas o así hasta que la chica volvió, Hugo estaba muy hambriento y Lucía yacía en el suelo muy débil.
Tania volvió con la ropa de gala de Lucía una ropa interior para cambiarla y la ropa mas bonita que había encontrado en su maleta, a Hugo le trajo lo primero que vio, dos pantalones unos calzoncillos y dos camisetas.
- ¿Qué has traído de comer? – dijo Hugo impaciente, había que tener en cuenta que no había desayunado.
Tania sacó de una mochila unas galletas, una natilla, dos platos de plástico, una botella de agua, unas salchichas Frankfurt, leche condensada en bote y en unas fiambreras restos de comida del primer día.
- ¿De donde has sacado todo esto? – Decía Hugo maravillado
- Me metí en la despensa y lo he cogido todo de ahí, ahora largaros que vamos a hacer por la tarde un reconocimiento por el río, me he enterado que si subes un poco mas el bosque, hay un tramo que esta sin vallar por que hay un árbol, si trepas el árbol un poco, se pasa sin problemas al otro lado. Por cierto, también he cogido unas tiritas, betadine, alcohol y un poco de algodón. Así podrás curarla mejor.
- Gracias de veras, nos quedaremos fuera de la verja dos días, para esperaros, si vemos que no salís, nos iremos hacia el norte, para Francia.
- Me tengo que ir, dale un beso a Lu de mi parte, y no dejes que vuelva salvo ningún concepto. ¡Adiós! – Y Tania regresó corriendo hacia el campamento.
Hugo le curó bien las heridas a Lucía, con mucha delicadeza para que ella no despertara y se diera la vuelta para ir al campamento. Cuando hubo terminado, se comió un trozo de pescado que había en la fiambrera y un trago de leche condensada, para recuperar fuerzas. Se cargó la mochila en el pecho y a la chica se la llevó a corderetas a través del bosque.

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