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lunes, 17 de septiembre de 2012

Capitulo VII: Respira


Tania y Tobal, con sus mochilas en la espalda fueron hacia el río, Tobal limpió las heridas de Tania delicadamente, se estaba haciendo de noche, ambos tenían hambre, Tania tenía la cara blanca y desencajada, estaba asustada, se iban a escapar, pero no podían dejar a Mikel y a Paul solos, tenían que volver a por ellos, pero Tania estaba muy débil, llevaba el labio partido, un ojo hinchado, una brecha en la ceja y moratones por todo el cuerpo. Le dolía todo. Tobal con cara de preocupación dijo:
-Tania, creo que nos vamos a tener que separar, solo esta noche, te lo prometo, mañana por la mañana volveré, tengo que ir a avisar a Mikel y a Paul y coger un poco de comida, la monitora piensa que estas inconsciente en aquel árbol, si no vuelvo tendrá sospechas de que te he encontrado y para que no nos escapemos irán a por los dos. – Y se marchó dándole un beso en la frente
-Tobal no… - decía Tania en un susurro que Tobal no pudo escuchar porque ya estaba muy lejos de allí y tras estas palabras, Tania se quedó dormida.

Lucía no sabía que decirle a Hugo, tenía la piel de gallina, no se podía ni imaginar en esa situación, no le salían las palabras de la boca por lo que corrió hacia él y le dio un abrazo cargado de energía, Hugo se sintió reconfortado pero sintió como se ruborizaba con el tacto de la piel de Lucía contra la suya, Lucía estaba tan feliz aferrada a ese abrazo que hacia que se olvidara del hambre que tenía, al final se apartó un poco, secó las lagrimas de Hugo con mucho cariño y se levantó hacia la mochila, cogió un par de salchichas frankfurt para cada uno y se sentó al lado de Hugo a comérsela, al acabar, sin tener ni idea de que hora era, se tumbaron uno al lado del otro casi sin tocarse y comenzaron a mirar las estrellas.
-¿Sabes, nunca pensé que estaría en esta situación con nadie? – decía Lucía rompiendo el hielo
-¿En que situación?
-Ya sabes, yo… con un chico como tu… sola en un bosque… - de pronto los dos estallaron en una carcajada,  no sabían muy bien ni porque se reían pero ambos, el uno pensando en la risa del otro, se sentían tan felices, que parecía que nunca se fuera a terminar ese momento, pero se terminó con el paso de una estrella fugaz ante los ojos de ambos, Lucía cerró rápidamente los ojos y pidió que Hugo no se fuera nunca de su lado y Hugo simplemente miró a Lucía pensando en que no quería que le pasase como a sus compañeros del año pasado.

Después de una larga subida corriendo monte a través, Tobal, lleno de arañazos por las piernas y cansadísimo, llego al campamento base donde todos estaban colocados en varias “hogueras de campamento” estaban todas las tiendas colocadas cada una con su hoguera al lado y todo el mundo se estaba calentando en la hoguera, menos la del equipo verde, que como faltaban dos mochilas, la de Tobal y la de Tania, no habían podido montar la tienda por falta de palos y piquetas. Al llegar Tobal fue discretamente hacia donde estaba el equipo verde y se sentó como si no hubiese pasado nada, cogió el botiquín de la mochila de Mikel, curó sus heridas y se sentó con los otros dos chicos.
-¿Donde estabas? – decía Mikel preocupado por la cara que traía Tobal
- Emmm, ummh, por el bosque, me perdí buscando a Tania
-¿Y no la has encontrado? – preguntaba Mikel mientras Paul se iba con un grupo de chicas que se acercaban a hablar con él
-Mmmmm, no. – respondía cortante y asustado.
<<Muy bien, sigue así, como digas algo de donde esta Tania, ya sabes lo que ocurrirá>> Sonaba una voz en el pinganillo que llevaba Tobal en su oreja. Mientras Tobal volvía de estar con Tania, la mujer de los cabellos grises, si, aquella bruja le había recomendado no decir nada de donde estaba Tania porque si no acabarían con la vida de la familia de Tobal.
Tobal se levantó y se fue con la monitora, le dio el pinganillo siguiendo las instrucciones de la mujer de cabellos grises y le dijo que le dijera a la directora que no iba a seguir mas ordenes suyas, que estaba harto de traicionar a sus nuevos amigos, que quería dejar de ser el chivato, que quería que les dejaran en paz a él y a todos sus amigos. Una voz que había escuchado todo desde el otro lado del walkie-talkie de la monitora:
-Tu lo has querido. No vuelvas a tu hogar, porque ya no lo tienes.
Tobal empezó a patalear, a llorar, pero a pesar de eso siguió fuerte y corrió hacia la tienda de campaña que estaba ya montada y le dijo a Mikel al oído, <<Tania tiene problemas, nos vamos, desmontad la tienda, yo voy a por comida.>> Pasó el rato, Mikel y Paul incomprendidos habían desmontado la tienda y tenían todo listo, eran las 3:35am y Tobal no volvía ¿Qué había pasado?

Lucía se había dormido. Hugo estaba tumbado, con la mirada perdida en la cara de Lucía pensando, cogió la cabeza de Lucía y se la apoyo en su pecho para que estuviese mas cómoda y le estuvo acariciándole el pelo durante horas. La luz de la luna entraba entre las ramas de los árboles y acariciaba la cara de Lucía haciéndola aun más bonita a los ojos de Hugo que no podía parar de mirarla. De pronto Lucía se despertó, y nada mas levantar la cabeza un poco hacia arriba vio los ojos de Hugo mirando los suyos desde muy muy cerca, su cabeza seguía apoyada en el pecho del chico, de repente sintió como el corazón de Hugo se puso a latir muy muy rápido y muy fuerte, Lucía le sonrío con una mirada que a Hugo le inspiro mucha tranquilidad y se cogieron las manos sin dejar de mirarse. Se empezó a levantar aire, era un aire huracanado, y hacia mucho ruido, se oían las ramas de crujir y la piel de ambos se empezó a crispar del frío, fue cuando el mágico momento se interrumpió, Hugo se levantó, cogió la mochila le puso una sudadera suya a Lucía y le abrazó con fuerza.
-Tenemos que salir, ¡ahora! – decía Hugo con toda la razón por su parte, pero en la cabeza de Lucía estaba el mal presentimiento de que su amiga estaba en peligro.
-No, podemos, ¿Qué pasaría con Tania?
-Ella estará bien y lo sabes esta con Tobal, vámonos Lu, estará bien.
Lucía, al escuchar las palabras estará bien y Lu saliendo de su boca, pensó que sonaba demasiado convincente, por lo que asintió, le dio la mano y empezaron a andar hacia el árbol que seguía delante suyo.
-¿Sabes trepar? – Preguntaba Hugo viendo como Lucía subía el árbol – No sabía que las chicas como tu supieran hacer este tipo de cosas
-¿Las chicas como yo? ¿Qué quieres decir con eso? –Sonreía Lucía desde la parte de arriba del árbol
Hugo se empezó a reír y le contagió la risa, Lucía perdió la fuerza en las manos y se cayó del árbol encima de Hugo. Él le cogió por la cintura y la puso justo encima suyo, sus narices estaban juntas, Lucía oía la fuerte respiración de Hugo y Hugo la de Lucía, se podían oír sus latidos desde la otra punta del bosque. Lucía se estaba poniendo nerviosa, estaba paralizada, pero en un instante de iniciativa por parte de Hugo, sus bocas se fundieron en un apasionante beso, mariposas corrían por los estómagos de ambos, pero ninguno quiso pararlo, estaban tan a gusto que no pudieron pararlo hasta que Lucía se dio cuenta de que tenían que marcharse y se separo un poco de Hugo, pero este, le apretó aun más contra su pecho convirtiendo todo en un abrazo cargado de besos y de calor.

Tobal, no aparecía Mikel y Paul estaban listos pero no tenían comida, eran ya las 5 de la mañana todos dormían, decidieron salir a la búsqueda de Tania, miraron la trayectoria que había tomado Tobal para llegar, se colaron por algunas tiendas a coger 4 bocadillos para quitar el hambre y después con una linterna en la mano comenzaron a seguir las huellas de botas que el grupo había dejado por el camino, el grupo verde estaba desaparecido, ¿que pasaría ahora? Siguiendo las huellas, vieron las huellas de unas botas solitarias que seguían en otra dirección, pensaron que eran las de Tobal así que las siguieron. Al final lograron escuchar el río y las huellas de botas seguían hacia abajo pero no encontraban a nadie.
Paul estaba agotado, no habían intercambiado palabra entre los dos a pesar de ser mejores amigos, Mikel se sentó y comenzó una conversación.
-¿Qué coño está pasando aquí?
-No tengo ni idea, pero esta lleno de chicas guapas
-Tío solo piensas en eso, eres un gilipollas
-¿Por qué dices eso?, pensaba que estábamos juntos
-Lo estábamos, pero no se que coño te pasa en la cabeza, en esta semana te has vuelto un desconocido, pasas de la gente que te hace caso y de la que te quiere solo por tu pelo, haber si maduras
-No se porque me dices eso ahora, yo soy como soy siempre, como era en Barcelona, pero las cosas están cambiando, estamos creciendo, ambos, ya no es lo mismo, no es lo mismo que cuando jugábamos a la pelota en el parque hace dos años, tenemos 17 años y distintas ambiciones, desde el accidente ya nada es igual
-Pues entonces, sigue siendo un gilipollas, no me hables hasta que no te disculpes. Eres lo peor, dijimos que el accidente fue un accidente que no podíamos hacer nada para evitarlo.
-Te equivocas, podríamos haberle ayudado, pero el miedo pudo con nosotros y miranos donde estamos, lo tenemos merecido. – esta ultima respuesta de Paul hizo que su amigo se levantara y siguiera andando
No intercambiaron mas palabra en el camino hasta que a lo lejos vieron una persona tirada al lado del río.
-Es ella, corre Paul.
Paul sin decir nada sacó su botiquín y comenzaron a curarle, Mikel comenzó a tocar a Tania con mucho cuidado, estaba helada, le quito la ropa que tenía sucia y le puso uno de los monos de recambio que llevaba en la mochila. Mikel estaba asustado, pero Paul mas.
-Esta pasando otra vez, esta pasando otra vez, Mikel, por favor haz algo.
-Tranquilo, por favor Tania, respira, respira, respira por favor – estas palabras salían de la boca de Mikel con desesperación, Paul tomo iniciativa y se puso a hacerle el boca a boca, estaba muy mal por el frío y el hambre.
Tania no reaccionaba.
-¡RESPIRA TANIA NO ME JODAS! – gritaba Paul, las lágrimas salían de los ojos de ambos, al tercer intento Tania cogió una bocanada de aire.
Paul y Mikel se dieron un abrazo acompañado de un lo siento, Tania comenzó a tiritar, tenía los labios morados, en ayuda Mikel y Paul le pusieron todo tipo de capas de ropa encima para darle calor, y le abrazaban, Paul saco un bocadillo y empezó a darle de comer.
-Tranquilos, chicos, dejar de preocuparos, ¿soy mas fuerte de lo que pensabais o que? – y les sonrió en muestra de agradecimiento.

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